Janet Mariño
Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.
Jeremías 29:11
Hace algunos años en mi casa teníamos por costumbre ver el noticiero en las mañanas. Pero salir a vivir tu día, que ya tiene sus propios retos, pensando en cada accidente que ocurrió, en los problemas en la economía, los conflictos entre países, las muertes, la pobreza, la escasez y muchas más malas noticias, le agrega peso a la vida.
No digo que no sea importante conocer la situación actual, pero me surgen algunas preguntas: ¿Qué hago con todo eso que escucho? ¿Por qué lo escucho? ¿Para qué lo escucho?
No solo recibimos malas noticias de los medios de comunicación y no son sólo acerca del mundo y sus complicaciones políticas, religiosas o ambientales. Recibimos malas noticias sobre nuestra salud o la de la familia, sobre nuestras finanzas y los problemas que a diario aparecen, a través de mensajes o conversaciones.
Además de estas, existen otro tipo de “malas noticias”; esas que nunca pasan, pero que imaginamos constantemente: “Y si esta enfermedad es terrible?” “Y si le sucede algo malo a los que amo?” “Y si pierdo mi empleo?”..... “Y si……? “¡No voy a lograrlo!” “¡No soy capaz!” “¡Voy a fracasar!”
Son malas noticias que se pueden originar por experiencias que vivimos anteriormente, por palabras que otros han dicho sobre nosotros o por falsas creencias que tenemos.
Ante tal bombardeo de malas noticias, debemos ser capaces de tomar decisiones:
A QUIÉN VAMOS A CREERLE? ¿QUÉ VAMOS A CREER?
Es necesario revisar nuestra fuente, con qué alimentamos nuestra mente y emociones.
Dios dice que Él tiene buenos planes para nosotros, que sus pensamientos son de bienestar; ¡esas son excelentes noticias!
Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.
Jeremías 29:11
Tengo dos invitaciones para ti hoy. La primera, que escojas la voz de Dios como la fuente que te nutre. Lee a diario las buenas noticias que Él dejó en la Biblia y que pases tiempo escuchando lo que tiene para decirte cada día. No solo “eres lo que comes”, eres lo que escuchas y lo que crees.
Dios es fuente de vida, escuchar sus palabras, creerlas y obedecer creará un cerco de protección a tu alrededor.
La segunda invitación, es que examines lo que escuchas, lo que ves, y de quién proviene esta información. Hazte estas preguntas:
. ¿Qué estoy escuchando?
. ¿Por qué lo estoy haciendo?
. ¿Qué causa en mi este tipo de información?
. ¿Qué hago con lo que recibo?
. ¿Tengo la capacidad de manejar esa información con sabiduría?
. ¿A quién estoy escuchando?
. ¿A quién le estoy creyendo?
Jesús muchas gracias por tu compañía, gracias por hablar bien de mi. Gracias por tus pensamientos de bienestar y de buenas noticias para mi vida. Hoy te pido ayuda para tener sabiduría y escoger bien lo que escucho y sobre todo, escoger creerte a ti. Tu eres mi fuente de vida y escojo creerte a ti. Amén
Cuando escuchas: “planes de bienestar, un futuro lleno de esperanza”, ¿en qué piensas? ¿Piensas en buenas noticias? Comparte tu opinión en los comentarios, seguramente alguien la está necesitando.