Janet Mariño
(De la serie Una nueva canción)
“Entren por Sus puertas con acción de gracias; vengan a Sus atrios con alabanza.
Denle gracias, bendigan Su nombre.” Salmo 100:4
Escuchar lo nuevo que Dios tiene para nuestra vida, en medio del ruido del pasado y de las circunstancias a las que nos hemos acostumbrado, es casi imposible. Sin darnos cuenta, repetimos lo que está mal, lo que duele, lo que nos hicieron, lo que no cambió… y esa repetición se convierte en una canción constante. Una melodía pesada que envuelve la mente y el corazón, generando un ambiente del que es difícil salir.
La queja tiene una frecuencia muy baja. Desafina el alma, apaga el gozo y distorsiona lo que Dios está hablando. Por eso, la gratitud no es solo un sentimiento bonito o un hábito social; es un proceso espiritual profundo, un ajuste interno por el cual el Espíritu Santo corrige nuestra frecuencia interior para que podamos escuchar Su voz con claridad.
Aquí en Estados Unidos, igual que en otros lugares, noviembre es un mes especial. Se celebra el Día de Acción de Gracias, una tradición que recuerda aquel primer encuentro entre colonos y nativos americanos en el siglo XVII, cuando ambos compartieron una mesa para agradecer por la cosecha y por haber sobrevivido a un año difícil.
Con el tiempo, esta fecha se transformó en un día para detenerse, reunir a la familia y agradecer por la vida, el sustento y las bendiciones recibidas, incluso en medio de desafíos..
La gratitud no es solo un sentimiento bonito o un hábito social;
es un proceso espiritual profundo.
Más allá de la historia y las mesas llenas de comida, hay algo profundamente espiritual en esta celebración. La gratitud tiene el poder de abrir puertas, detener el ruido y afinar el alma.
Así lo dice el salmo: “Entren por Sus puertas con acción de gracias”.
La gratitud es la llave que abre acceso a la presencia de Dios, al descanso, a la paz y a la dirección que tanto necesitamos.
El año pasado, en mi casa iniciamos un ejercicio sencillo: cada semana escribíamos algo por lo que queríamos agradecer y lo guardábamos en un recipiente para leerlo juntos en Acción de Gracias.
Pronto se convirtió en un reto. La mente está acostumbrada a agradecer solo lo extraordinario. Pero este pequeño hábito nos enseñó algo profundo: cada detalle cuenta. Cada paso, por pequeño que sea, también es avanzar.
También estamos aprendimos otra verdad: algunas de las personas, momentos o situaciones por las que agradecimos hace meses quizás hoy ya no están con nosotros.
Y aun así damos gracias… por lo que significaron, por cómo Dios respondió, por cómo Él estuvo allí.
Porque aunque todo cambie, Él permanece a nuestro lado.
La gratitud no niega el dolor, pero cambia su sonido. No elimina la lucha, pero transforma el tono con que la enfrentamos. Acalla la queja, limpia la comparación, y nos permite oír el susurro suave del Espíritu Santo.
Quizás hoy Dios te invita a hacer esa pausa interior: a dejar de repetir la vieja canción del “por qué” y empezar a entonar la melodía del “a pesar de….gracias”.
A dejar que cada agradecimiento —por pequeño que sea— afine tu alma
hasta que puedas escuchar con claridad lo nuevo que Él está cantando sobre ti.
¿Qué canción interior estás repitiendo sin darte cuenta?
¿Qué pasaría si agradeces por esa misma situación que hoy pesa?
¿Qué detalle pequeño puedes agradecer hoy que afine tu corazón?
Señor hay tantas voces en mi interior! He permitido que recuerdos pasados se conviertan en una canción que repito a diario. He dejado de agradecer por los pequeños detalles y no he podido ver que es allí donde tu estás. Hoy te agradezco por estar conmigo en los mejores momentos y también en los mas malos. Gracias porque tu amor llena mis silencios y me permite escuchar tu canción sobre mi.
Qué estas cantando sobre mi?
Amén