Janet Mariño
(De la serie: Una nueva canción)
"Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros, como aroma agradable a Dios. Denle gracias, bendigan Su nombre.” Efesios 5:2
¿Qué puedes esperar cuando sabes que Dios está cantando nuevas melodías para tu vida?
¿Qué sucede cuando entiendes que la temporada de queja, tristeza, frustración o cualquier otro sentimiento negativo debe quedar atrás?
Tal vez tu respuesta sea armonía, felicidad, paz o calma. Y sí, estoy de acuerdo: eso era lo que yo esperaba… y lo viví por algunas semanas. Pero ocurrió algo que no anticipé. Algo que debí presupuestar, pero no lo hice.
En estos días recordé que no basta con tener buenas intenciones.
A veces el resultado no es el que esperabas y una “buena intención” puede desencadenar tristeza.
Y así fue: en medio de las nuevas melodías aparecieron notas que desafinaban.
Ruidos conocidos del pasado que volvieron a tocar la puerta.
Fueron varios días de sentirme mal conmigo misma, de desear por un instante devolver el tiempo y corregir mi falta.
Tal vez mi respuesta inmediata debió ser la gratitud… días antes el Espíritu Santo me estaba hablando de eso con tanta claridad.
Pero no fue así.
Hay momentos en la vida en los que, aun en medio de las nuevas canciones, tendremos que sentirnos mal, respirar hondo, reconocer los errores, pedir perdón…
y luego volver a sintonizarnos con La Vida, para descubrir que incluso dentro de esos momentos difíciles también se esconden melodías nuevas.
En estos días se hizo más vivo que nunca un texto bíblico que muchos han convertido en cliché:
“Sométanse unos a otros por reverencia a Cristo…
Para las esposas, eso significa someterse a sus maridos como al Señor…
Para los maridos, eso significa amar a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia…”
Efesios 5:24–26
Estos versículos han sido muy mal interpretados. Algunas mujeres los rechazan por heridas del pasado. Algunos hombres los usan mal, abusando de su autoridad.
Pero cuando entiendes el corazón del pasaje, y pides al Espíritu Santo que te lo revele, descubres una verdad preciosa:
En Efesios 5, Pablo no está describiendo una estructura de control. Está mostrando una melodía divina donde cada nota tiene un rol:
Un amor que se entrega, cubre, protege, guía, restaura y jamás manipula.
La esposa respeta como la Iglesia respeta a Cristo.
Un respeto que honra, escucha, confía y se sujeta porque se siente amada.
La sujeción no nace del miedo. No nace de la obligación. No nace de debilidad. La sujeción nace del amor recibido.
Cuando un hombre ama como Cristo, la sujeción de la esposa no oprime: da descanso.
Caminan juntos, están de acuerdo, se siente como un lugar seguro, como cobertura, como hogar.
Porque el respeto es la manera en que la esposa “ama” al esposo, así como el esposo ama dando su vida por la esposa.
Por eso Pablo usa diferentes palabras. Para la mujer, amor significa seguridad. Para el hombre, amor se interpreta como respeto. Y entre ambos, nace una canción que refleja a Jesús.
Si miramos todo el capítulo 5 de Efesios, el mensaje es aún más claro. Pablo comienza diciendo: “Sean imitadores de Dios.”
Ese es el contexto. La sujeción no se entiende sin esta invitación inicial: ser como Cristo.
Amar como Él. Responder como Él. Vivir en la luz como Él.
Y justo antes de hablar del matrimonio, nos entrega la nota clave:
“Sean llenos del Espíritu Santo… haciendo música al Señor en el corazón y dando gracias por todo.”
Esa es la melodía del hogar donde Jesús es el centro y el Espíritu Santo habita: gratitud, música en el corazón, plenitud del Espíritu, honra mutua.
En estos días viví todo esto… en mi casa. Mi esposo me perdonó, me protegió, me cubrió.
Puso su vida por mí, una vez más, se convirtió en mi escudo, mi apoyo.
Me ayudó a ver mi error, y aun con tristeza, amó. Me recordó quién soy y caminó a mi lado.
Hoy, a pocos días de nuestro aniversario 25, no tengo ninguna duda: Él me ama como Cristo ama a Su Iglesia.
¿Y mi respuesta? Respeto. Honra. Escucha. Gratitud.
Decido una vez más estar bajo su cobertura, porque ese es mi lugar seguro.
La sujeción no es maltrato. No es atraso. No es opresión. Es una decisión sabia de mujeres que conocemos nuestro diseño y propósito. Es la respuesta natural al amor.
Quiero animarte a seguir cantando lo nuevo que Dios tiene para ti. Encuentra esas notas, esas melodías en medio del día a día. No tenemos vidas perfectas, pero sí un Dios perfecto en todo lo que hace.
Y quiero que sepas que sí hay esperanza. Que el matrimonio sí funciona. Que el verdadero amor sí existe: Es el que se queda. El que corrige. El que cubre. El que restaura.
Pasa tiempo con Dios. Pídele al Espíritu Santo que te llene, que te dé sabiduría, que te permita ver Su verdad.
Sigue cantando.
Jesús hoy te agradezco por tu gracia y tu amor. Gracias por todo el sacrificio que hiciste por mi. Por amarme sin que yo lo supiera, por perdonarme y amarme a pesar de mi misma. Ayúdame a ser más como tu, a vivir en tu luz, a escuchar tus canciones en medio de mi caos.
Amén