Janet Mariño
(De la serie el camino)
Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Juan 17:3
¿Adónde me dirijo? Esta pregunta ha sido una constante en mi vida. Cada vez que he tenido que dejar un lugar para dirigirme a uno nuevo, desconocido, he sentido un nudo en el estómago. A pesar de que siempre he tenido un destino en mente, seguir las indicaciones, incluso con la ayuda del GPS, ha sido un desafío. Pero el hecho de saber a dónde me dirijo hace que cada giro y cada desvío adquieran sentido.
Hay un dicho popular en mi país: “al que no sabe para dónde va, cualquier camino le sirve” ¡La vida es como un viaje! Es crucial tener un destino en mente, una meta a la que aspiramos, y así entender que camino debemos elegir y de cuales debemos alejarnos.
Somos seres únicos, creados con un propósito específico, con tareas que Dios ha preparado para nosotros. Pero, ¿cómo determinamos cuál es nuestro destino? ¿A dónde queremos llegar?
Aunque Dios nos ha dotado de habilidades y talentos únicos, y ha diseñado tareas específicas para nosotros, todo esto carece de sentido si no permitimos que Él moldee nuestro carácter. Si no nos esforzamos cada día por parecernos más a Él y por hacer que su nombre sea conocido.
Su voluntad es que todos lo conozcan, para que puedan disfrutar de la vida abundante que Él ofrece, de su paz, de su salvación y de todas las bendiciones que vienen de caminar a su lado. Entonces, si Sabemos que nuestra meta es parecernos cada día más a Jesús, podremos caminar hacia esas tareas, desarrollar cada una de ellas, de una manera más intencional. No se trata sólo de "hacer", no se trata de desempeñar una profesión o un oficio; se trata de que los demás vean a Dios en quienes somos y en lo que hacemos.
Jesús tenía claro su objetivo: HACER LA VOLUNTAD DE SU PADRE, entregando su vida en la cruz para que hoy tú y yo podamos vivir. A medida que se acercaba ese día, muchas personas experimentaron amor, libertad, paz y sanidad física, emocional y espiritual. Cada día era significativo para Jesús; vivió para que todos conociéramos al Padre.
¿Y tú? ¿Cómo estás viviendo este día? ¿Qué impulsa tus acciones? ¿Estás usando tu esencia única para cumplir tu misión de manera inigualable? ¿Ves claro tu propósito?
Usa tus dones y tu singularidad para cumplir la voluntad de Dios; ese es tu propósito más alto.