Janet Mariño
(De la serie: Padre Nuestro)
“Porque tuyo es el Reino, el poder y la gloria por siempre. Amén.”
Mateo 6:13
No sé si alguna vez has tenido que realizar un trámite y te has encontrado con dificultades debido a los "mandos medios". A veces, nos encontramos con personas que, aunque no ocupan posiciones de liderazgo, tienen el poder de complicar los procesos. ¿No sería maravilloso poder acceder siempre a la persona que está al mando? Tener la posibilidad de contactar a quien realmente tiene la autoridad y puede brindarnos ayuda?
Bueno, esto es exactamente lo que ocurre cuando oramos. Jesús nos dio un acceso directo a Nuestro Padre, quien posee toda la autoridad en el cielo y en la tierra; Él es el dueño de todo. Gracias al sacrificio de Jesús, tú y yo podemos entrar en su presencia siempre que lo deseemos.
Y con esta maravillosa verdad, hemos llegado al final de nuestra serie sobre el Padre Nuestro, una oración que Jesús nos dejó como modelo para acercarnos directamente al Padre, sin intermediarios, con confianza y reverencia. Cada petición nos ha guiado a reconocer quién es Dios, depender de Él y vivir conforme a Su voluntad. Y ahora, cerramos con una poderosa declaración: el Reino, el poder y la gloria pertenecen a Dios por siempre.
Y con esta maravillosa verdad, hemos llegado al final de nuestra serie sobre el Padre Nuestro, una oración que Jesús nos dejó como modelo para acercarnos directamente al Padre, sin intermediarios, con confianza y reverencia. Cada petición nos ha guiado a reconocer quién es Dios, depender de Él y vivir conforme a Su voluntad. Y ahora, cerramos con una poderosa declaración: el Reino, el poder y la gloria pertenecen a Dios por siempre.
Y con esta maravillosa verdad, hemos llegado al final de nuestra serie sobre el Padre Nuestro, una oración que Jesús nos dejó como modelo para acercarnos directamente al Padre, sin intermediarios, con confianza y reverencia. Cada petición nos ha guiado a reconocer quién es Dios, depender de Él y vivir conforme a Su voluntad. Y ahora, cerramos con una poderosa declaración: el Reino, el poder y la gloria pertenecen a Dios por siempre.
Esta frase final nos recuerda tres verdades fundamentales:
Dios es el Rey soberano.
Su Reino no tiene fin, y como sus hijos, somos parte de él. No vivimos según los valores del mundo, sino bajo Su gobierno de amor, justicia y verdad. Somos partícipes de todas sus riquezas, tenemos su identidad; Él nos ha dado autoridad.
Su poder es supremo.
No hay circunstancia, enemigo o desafío que pueda superar la autoridad de Dios. Cuando oramos, lo hacemos sabiendo que Él es todopoderoso y que Su poder obra en nosotros y a través de nosotros.
Toda la gloria es para Él.
Nuestra vida, nuestras victorias y todo lo que somos deben reflejar Su gloria. No buscamos exaltarnos a nosotros mismos, sino vivir para que Su nombre sea engrandecido, para que Él sea famoso y muchos quieran acercarse y ser abrazados y amados por Él.
Esta doxología nos enseña a terminar nuestras oraciones con adoración y confianza, recordando que podemos acercarnos con confianza, y que todo lo que pedimos y hacemos está en manos del Dios eterno.
Hoy te animo a hacer esta declaración parte de tu vida diaria. Cuando enfrentes la incertidumbre, recuerda que Su Reino permanece. Cuando te sientas débil, confía en Su poder. Y en cada logro, dale la gloria a Él.
Ora con fe, vive con propósito y proclama con tu vida que Dios reina sobre todo.
Jesús gracias no solo por enseñarnos a orar, sino por abrirme un camino directo al Padre para acercarme con confianza sabiendo quién es Él, entendiendo que me conoce, se preocupa por mi y en sus manos estoy segura. Amén.
Si esta serie sobre el Padre Nuestro ha sido de bendición para tu vida, compártela con alguien más. Tal vez hay alguien en tu círculo que necesita redescubrir el poder de esta oración. Que juntos sigamos creciendo en nuestra relación con nuestro Padre celestial.
¡Dios te bendiga y siga guiando cada paso de tu camino!