..santificado sea tu nombre.
Mateo 6:9b
Janet Mariño
(De la serie: Padre Nuestro)
Tengo una historia que compartir sobre mi nombre. Cuando mis padres me registraron, la persona encargada complicó mi vida. Tomó el nombre que mis padres eligieron y lo escribió como ella consideró mejor. Ignoró completamente el deseo de mis padres y aplicó su “conocimiento” sin pensar en las consecuencias que esto tendría para mí.
Puede sonar algo exagerado, ¡pero es cierto! Mi nombre ha sido pronunciado y escrito de muchas maneras, hasta el punto en que en algún momento pensé en cambiarlo legalmente a la forma original que mis padres eligieron. En los últimos años, ya más madura y superando el trauma, decidí simplificarlo: Janet. Puedo usarlo en lugares y documentos que no son legales, pero si necesito hacer un documento formal, no existo como Janet y debo volver al nombre que me dieron en la registraduría… un nombre que no mencionaré aquí (jajaj).
Esta experiencia me hace reflexionar sobre la importancia y relevancia que tiene un nombre. Te proporciona identidad y autoridad; refleja quién eres y te "distingue" de los demás.
Con esto en mente, hablemos hoy sobre la expresión: “Santificado sea tu nombre”.
Santificar significa literalmente "separar para un uso y propósito especial". Cuando pronunciamos esta oración, nos dirigimos en dos direcciones.
Primero, entender que el Nombre de Dios revela su identidad, quién es Él y qué hace. Santificar su nombre implica reconocer que Él es único, distinto de otros dioses; que Su nombre tiene autoridad sobre toda la creación, sobre tus pensamientos, emociones y tu vida entera.
En segundo lugar, santificar su nombre es darle el honor que merece. Es un reconocimiento de su grandeza, su soberanía; es hablar bien de Él, exaltarlo y ofrecerle alabanza.
A menudo, no le doy la importancia que merece Su nombre y al hacerlo, pierdo todo lo que representa para mi vida: sanidad, provisión, libertad, seguridad, victoria, identidad, fortaleza y salvación.
Así que cuando ores, reconoce quién es Él para ti, recuerda lo que ha hecho, dale el lugar que le corresponde, ten presente que Su nombre tiene autoridad y que no hay otro nombre como el suyo. No es necesario usar muchas palabras, ya que tu Papá que te ama, te conoce y sabe lo que necesitas. Acércate con confianza, sabiendo que Él te espera con los brazos abiertos.
¿Sabías que el nombre de Dios tiene significados distintos que reflejan quién es Él?
Te animo a que cada día, al orar, recuerdes Su nombre y que identifiques quién es Él para ti hoy y lo que está haciendo por ti.
Papá, hoy me acerco a ti reconociendo que tu Nombre es único y admirable. Quiero aprender a darte el lugar que te corresponde en mi vida.