Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra." – Mateo 6:10
Janet Mariño
(De la serie: Padre Nuestro)
La voluntad de Dios para nosotras es “buena, agradable y perfecta”, entonces, ¿por qué nos resulta tan difícil aceptarla?
Dios, nuestro buen Padre, tiene planes de “bienestar y un futuro de esperanza” para nosotras, entonces, ¿por qué vivimos llenas de dudas y temores?
Cuando Jesús nos enseñó a orar en el Padre Nuestro: “Hágase tu voluntad”, sabía que no sería sencillo y que tendríamos que enfrentar retos diarios.
En nuestra vida cotidiana, “hacer la voluntad de Dios” tiene la influencia de varios factores:
Nuestra naturaleza: luchamos contra nuestra propia voluntad y deseos. Buscamos lo fácil y rápido, nos inclinamos al pecado y nos cuesta dejar de lado lo que queremos.
Miedo y desconfianza: es complicado dar un paso de obediencia hacia lo desconocido. Deseamos tener siempre el panorama completo. Tememos fracasar o sufrir, y por eso preferimos quedarnos en una zona de confort.
Falta de entendimiento: a menudo no comprendemos las circunstancias que vivimos, pensamos que son un castigo o una prueba de Dios; desde nuestra perspectiva, a veces hacer su voluntad no parece tener sentido.
Influencias externas: sentimos la presión de familiares, amigos, y de la sociedad en general. Esto nos lleva a pensar que seguir la voluntad de Dios es anticuado y que podríamos perder oportunidades, popularidad o estatus.
No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta
Romanos 12:2
¡Necesitamos renovar nuestra mente! Debemos comenzar a incorporar los pensamientos de Dios y Su reino en nuestra vida diaria. Es fundamental reemplazar filosofías y creencias que nos alejan de Él por sus principios y su verdad.
Orar de esta manera es una invitación a permitir su gobierno en nuestra vida. Es pedir que el orden, la justicia, la paz, la alegría, la libertad y la abundancia del cielo se manifiesten en nuestra tierra.
Definitivamente, el Padre Nuestro nos enseña que la oración no es un acto pasivo, no son solo palabras. Las respuestas dependen en gran medida de nuestras acciones. He sido testigo de milagros inmediatos y poderosos. También he experimentado cómo “su voluntad se hace en mi vida, así como en el cielo”, a través de mi obediencia, mi manera de vivir y las decisiones que tomo a diario.
Orar “que se haga Su voluntad en la tierra como en él cielo”, implica una rendición total de mi vida, entender que sus planes para mí son mejores, que Él es un buen Padre que me conoce y sabe lo que necesito; y sobre todo, que me ama y desea lo mejor para mí. Es saber que necesitamos sus modelos y principios de vida en la tierra, en nuestra familia y nuestro entorno.
Te animo a que hoy continúes orando como Jesús nos enseñó: “Que en mi vida hoy se haga tu voluntad; que mis acciones traigan transformación a mi entorno, para que tu Reino se establezca en la tierra, así como es en el cielo. Amén.