Janet Mariño
(De la serie: Padre Nuestro)
"Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden." — Mateo 6:12
¿Cómo te va cuando debes preparar tu maleta para un viaje? ¡Para mí sigue siendo un reto!
Se me va el tiempo eligiendo entre lo que me gusta, lo que necesito y lo que llevo "por si acaso". A veces encuentro un momento de lucidez y dejo atrás lo que solo añade peso a la maleta; otras veces, solo me doy cuenta de ello cuando tengo que cargarla o al usar las cosas, y veo todo lo que no era necesario llevar y que ahora me estorba.
Recuerdo una ocasión en la que tuvimos un viaje misionero a Brasil. Aunque algunas personas (todas mujeres, jaja) llevaban maletas muy grandes, el viaje comenzó con mucha expectativa y emoción, cada una a cargo de su equipaje. Pero con las escalas de los vuelos, los desplazamientos al hotel, una caminata inesperada y las famosas escaleras de Lapa, las maletas extra grandes y pesadas se convirtieron en un problema, no solo para sus dueñas, sino para todo el grupo. Comenzaron a retrasarnos, los hombres tuvieron que cargar un peso extra para ayudar, y al final, el ambiente se vio afectado por el malestar y la incomodidad que generó "el equipaje extra".
En nuestro viaje por la vida ocurre lo mismo. Llevamos un equipaje demasiado grande y, muchas veces, innecesario. Cargamos con culpa, resentimiento, amargura, y la falta de perdonar y de ser perdonadas.
Cuando Jesús nos enseñó a orar, incluyó el perdón como una parte esencial de nuestra conversación con el Padre. Nos mostró que recibir el perdón de Dios y extenderlo a los demás van de la mano.
¡Esto es muy difícil de hacer! Al momento de perdonar, resurgen los recuerdos de lo mal que nos sentimos, de lo injusto que fue lo que nos hicieron, del daño que nos causaron, y preferimos guardar todo esto en una maleta y cargarlo cada día en lugar de perdonar.
Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Lucas 23:32
Pienso en Jesús en la cruz. Totalmente inocente, libre de toda culpa; maltratado sin razón, y sin embargo, muriendo por ti y por mí, para cambiar nuestra naturaleza llena de pecado, mientras pedía al Padre que perdonara a sus “agresores”.
En la cruz, Jesús nos dio la capacidad de perdonar. Durante nuestro camino, seremos heridas y también haremos daño. Seguimos siendo humanas e imperfectas, y siempre tendremos que decidir qué vamos a poner en nuestra maleta.
Y a eso se refiere esta parte del Padre Nuestro: a esas ofensas y deudas que van surgiendo mientras caminamos.
No perdonar es como llevar un equipaje extra. Al principio, podríamos pensar que podemos con él, pero con el tiempo nos agota, nos impide avanzar, nos roba la paz, afecta a quienes nos rodean y nos hace perder la capacidad de ser efectivas en lo que hacemos. En cambio, cuando decidimos perdonar, soltamos esa carga y experimentamos la libertad que Dios desea para nosotras.
Él nunca pecó y jamás engañó a nadie. No respondía cuando lo insultaban ni amenazaba con vengarse cuando sufría. Dejaba su causa en manos de Dios, quien siempre juzga con justicia.
Él mismo cargó nuestros pecados sobre su cuerpo en la cruz, para que nosotros podamos estar muertos al pecado y vivir para lo que es recto.
1 Pedro 2:22-25
El perdón no significa justificar el daño que te han hecho o seguir como si nada hubiera ocurrido. Tampoco implica que siempre vayas a restaurar la relación que tenías; significa entregar nuestra herida a Dios y dejar que Él sane nuestro corazón. Es un acto de fe y obediencia que nos libera del peso del resentimiento y nos permite caminar en paz, ligeras.
Hoy, mientras oras, reflexiona: ¿Hay alguien a quien necesitas perdonar? ¿Has podido experimentar el perdón de Dios en tu vida? Entrégale esa carga a Dios y permite que Su amor llene tu corazón. Así como Él te ha perdonado, decide también extender perdón a los demás. Que Su amor y Su perdón sean tu equipaje.
Señor, gracias por tu inmenso amor y tu gracia que me limpia de toda falta. Ayúdame a perdonar como Tú me perdonas, soltando toda amargura y eligiendo caminar en libertad. No quiero llevar cargas innecesarias, sino vivir en la paz que solo Tú puedes dar. En el nombre de Jesús, amén.