Janet Mariño
(De la serie: Padre Nuestro)
No permitas que cedamos ante la tentación
Mateo 6:13a
En mi hogar, desde hace algunos años hemos comenzado a modificar nuestros hábitos alimenticios. Todo empezó por razones de salud, luego se intensificó porque mis hijos decidieron convertirse en deportistas, y finalmente sabemos que cuidar nuestro cuerpo es esencial para estar preparados para cumplir con la misión que Dios tiene para cada uno de nosotros.
Es un proceso, como todo en la vida; es fundamental estar muy conscientes de la situación y tomar la decisión diariamente hasta que se convierta en un hábito.
Sin embargo, siempre hay días en los que “caemos en la tentación”. Como dicen por ahí, “una vez al año no hace daño”; el problema es que esa “una vez” puede transformarse en dos, cuatro o más, lo que me causa inconvenientes. Reconociendo mi debilidad, empecé a implementar estrategias para evitar caer. Una de ellas consiste en que, cuando hago las compras, no llevo a casa lo que no debo comer.
Tomo esa decisión desde el momento en que elaboro la lista , la reviso y me mantengo firme. Luego, en el supermercado, solo compro lo que está en la lista y me mantengo firme en mi decisión: Si no estoy cerca de la tentación, es más difícil caer en ella.
Suena sencillo, pero llevarlo a la práctica no lo es.
Al orar “no nos dejes caer en la tentación”, reflexiono sobre mi historia con los hábitos saludables. No puedo simplemente pensar y repetir en mi mente: “no lo haré, no lo haré". Por favor, Dios, ayúdame, no lo haré”. Dios está dispuesto a ayudarme en mis debilidades, Él me conoce bien. Sin embargo, al final, la decisión siempre será mía; sí soy consciente de mi debilidad (en cualquier área de mi vida), ¿por qué me acerco? ¿Por qué voy? ¿Por qué me quedo? ¿Por qué miro? Es mejor alejarse que permanecer y fallar en el intento. Siempre será más fácil orar y alejarse para no caer, que confesar el pecado, salir de allí e iniciar de nuevo. Esta parte del Padre Nuestro, una vez más, resalta nuestra necesidad de depender de Él, de entregarnos, de llenarnos cada día más de su presencia, su palabra y su poder.
Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que allí lo tentara el diablo.
Mateo 4:1
Cada día enfrentamos situaciones que pueden desviarnos y distraernos: pensamientos negativos, actitudes incorrectas, deseos desordenados o decisiones impulsivas. Por ello, esta oración es un acto de humildad, una entrega total a Dios, confiando en que Él nos fortalece en nuestra decisión de permanecer firmes.
Jesús fue tentado en el desierto con un propósito mayor. Él no buscaba allí lo que era su debilidad. Fue llevado al desierto para experimentar lo que tú y yo enfrentamos hoy, para entender nuestras luchas y mostrarnos el camino para superarlas.
Depender de la Palabra: ante cada tentación del diablo, Jesús respondió: “está escrito”. Es crucial conocer Su palabra y recordar que “es viva y poderosa”.
Someternos a Dios: Jesús vivió en rendición al Padre, confiando en su voluntad y propósito. Vivir de esta manera despoja de poder al enemigo y nos hace más conscientes de los lugares, personas y situaciones de las que debemos alejarnos.
Resistir al enemigo: no importa cuántas veces tengamos que decir NO. Es una respuesta válida ante las presiones y circunstancias. Recuerda que el NO también es una respuesta. Resiste con determinación y el enemigo deberá huir.
Hacer estas cosas para alejarte de las tentaciones, permanecer y no pecar, tiene que ver con un propósito mayor. No pecar no es “portarte bien”, se trata de responder al amor de Dios, de agradar su corazón con lo que haces. Es mantenerte enfocada, sin pesos innecesarios, sin distracciones para poder ser efectiva en tu propósito de vida.
Estudia las escrituras diariamente, ya que en ellas hallarás respuestas. Vive de acuerdo a sus principios y toma decisiones fundamentadas en tu identidad, en lo que Dios dice sobre ti. Repite esto tantas veces como sea necesario. Permanece firme, confía y sigue adelante.
Pues nuestro Sumo sacerdote puede compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; sólo que él jamás pecó.
Hebreos 4:15
¿Cuáles son las áreas de tu vida donde más necesitas la ayuda de Dios para resistir la tentación?
¿A qué o quién decides decirle NO?
¿Cómo puedes hacer de la oración y las escrituras un arma diaria para vencer las pruebas?
Jesús, reconozco mis debilidades y decido alejarme de ellas. Sé que sin ti no puedo resistir las tentaciones a las que me enfrento a diario. Guíame, fortalece mi corazón y ayúdame a depender de ti en cada decisión. Quiero vivir en obediencia y rendida a ti. Amén