Janet Mariño
(De la serie: Padre Nuestro)
"Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén." – Mateo 6:13
Después de la pandemia de 2020, hemos aprendido valiosas lecciones, entre ellas, la importancia de cuidar nuestra salud y la de los demás. Tras ese periodo tan difícil, para algunos, ahora es más sencillo usar un tapabocas cuando tenemos un resfriado y debemos estar en lugares concurridos. Nos hemos vuelto más cautelosos al llegar a casa, lavándonos las manos con mayor frecuencia y evitando lugares y personas que podrían contagiarnos algún virus.
Sin embargo, hay quienes han tomado decisiones distintas y no comparten estos mismos cuidados. Por lo tanto, no solo depende de ti mantenerte libre de contagios. Independientemente de tus decisiones para protegerte y cuidar a tus seres queridos, sigues expuesta al riesgo de un virus.
Este es solo un ejemplo; a diario enfrentamos riesgos físicos, emocionales y espirituales, y estar libres de ellos no solo depende de nuestras elecciones.
La oración "líbranos del mal" no es simplemente una frase más del Padre Nuestro. Es una expresión de nuestra necesidad de la protección divina, de nuestra fragilidad y de la verdad de que, como dijo Jesús, mientras estemos en la tierra, afrontaremos aflicciones.
¿Te has preguntado alguna vez por qué, si pedimos a Dios que nos libre del mal, aún enfrentamos dolor, sufrimiento y dificultades?
Podemos encontrar varias respuestas que nos ayudan a entender esto:
Vivimos en un mundo caído
Desde la entrada del pecado en el mundo (Génesis 3), el mal y el sufrimiento han sido parte de la experiencia humana. La tierra está marcada por el pecado, que incluye enfermedades, tragedias, injusticias y dolor. Jesús mismo afirmó: "En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." – Juan 16:33
Tenemos libre albedrío
Dios nos dió la capacidad de elegir entre el bien y el mal. A menudo, el sufrimiento es consecuencia de nuestras decisiones o las de otros.
"No se engañen. Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre siembre, eso también cosechará." – Gálatas 6:7.
Ese antiguo dicho “no esperes manzanas si siembras naranjas” se aplica perfectamente a nuestras vidas; pero incluso en esos momentos, Dios nos ofrece Su gracia y restauración.
Dios nos protege de maneras que no siempre percibimos
Cuando pedimos "líbranos del mal", Dios actúa de formas que no siempre comprendemos. Nos protege de peligros desconocidos y nos brinda fortaleza para resistir las pruebas que enfrentamos. Además, el hecho de liberarnos puede significar alejarnos de actividades, personas y situaciones que podrían ser arriesgadas para nosotros, incluso cuando no lo deseamos.
La victoria final es de Dios
A pesar de las dificultades actuales, tenemos la promesa de que el mal no tiene la última palabra. En Apocalipsis 21:4 se nos dice que Dios "enjugará toda lágrima" y que no habrá más dolor ni muerte. Cualquier sufrimiento o dificultad, por intensa y profunda que sea, no superará el gran amor que Dios tiene por nosotros, y podemos estar seguros de que Él es fiel y nunca nos abandonará.
En medio de las pruebas, conocemos mejor el carácter de Dios.
En situaciones que traen un dolor inmenso, es casi imposible imaginar que algo bueno pueda surgir de ellas. Creo firmemente en lo que Dios nos dice al respecto, porque lo he vivido en mi propia vida: "Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien." – Romanos 8:28. Dios no causa el mal, pero en medio del sufrimiento, utiliza la situación para nuestro beneficio, moldeándonos a la imagen de Jesús, fortaleciendo nuestro carácter y, al final, proporcionándonos las respuestas que tanto esperábamos. Nuestra tarea es reconocerlo a Él en medio de la situación, acercarnos a Su corazón y buscar Su bien.
¿Hay alguna tentación o lucha en la que necesitas pedir la ayuda de Dios?
¿Qué pasos puedes dar hoy para acercarte más a Él y confiar en Su protección?
¿Has pasado o estás pasando por momentos donde has sentido que no fuiste librada del mal? Te animo a que puedas ver más allá de las circunstancias, te acerques un poco más a tu Papá y descubras el bien que tiene para ti.
Jesús, reconozco que, aunque trate de hacer lo correcto, el mal sigue existiendo en el mundo y no siempre puedo evitarlo. Hoy te pido que me guardes, que protejas mi corazón, mi mente y mi camino. Líbrame de toda influencia negativa, de tentaciones y de aquello que podría apartarme de ti. Dame la sabiduría y fortaleza para caminar en Tu verdad, encontarte en cada situación y poder ver el bien que tienes para mi. En ti confío, porque sé que la victoria final es tuya. Amén.