“El que comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta completarla.” (Filipenses 1:6)
Aunque las estaciones marcan cambios evidentes en la naturaleza —en la forma de vestirnos e incluso en lo que comemos—, no todos los días dentro de una misma estación se sienten iguales.
Es invierno, sí, pero hay días muy fríos y otros no tanto. En verano pasa lo mismo.
La naturaleza es precisa para mostrarnos cuándo una estación comienza y cuándo termina.
Pero en mi camino he aprendido que con las estaciones de la vida no sucede igual.
Necesito una conexión profunda y constante con el Espíritu Santo para discernir cuándo inicia una nueva temporada, cuándo una está llegando a su fin o si los cambios que percibo hacen parte de la misma estación.
Porque sentir movimiento no siempre significa que algo ya terminó.
Las estaciones de la vida no están determinadas por el calendario, ni por meses, días o años.
Mi proceso de ser más como Jesús, de sanar y de avanzar, no depende del tiempo que pasa, sino del trabajo que Él hace en mí… y de cuánto estoy dispuesta a recibirlo, aceptarlo y caminar con Él.
El fin de año siempre me confronta con la idea de que debo cerrar algo.
De que tengo que “mostrar” resultados, hacer balances, medir logros y establecer nuevos objetivos.
Pero hoy puedo reconocer que esa presión no viene de Dios.
Me la he permitido poner, influenciada por la sociedad, por el sistema, por la costumbre.
Por eso, este fin de año no hice un resumen de todo lo que logré —que, siendo honesta, no me parecieron muchas cosas— ni de lo bueno o lo difícil que viví.
No porque no valore los procesos, ni porque no agradezca la bondad, la gracia y el amor de Dios que siempre me acompañan.
Sino porque estoy entendiendo algo distinto: mi proceso continúa.
No puedo darle fin a algo que no se mide con parámetros humanos.
Hoy solo quiero respirar. Reconocer que Él estuvo conmigo, está conmigo y que nunca me dejará.
El 2025 llegó a su fin en el calendario, pero el proceso de Dios en mí continúa.
Y el tuyo también.
¿Tengo planes para el 2026? Claro que sí.
Pero quiero mirarlos dentro del camino que ya he recorrido.
Quiero darle continuidad a lo que Dios ha hecho y seguirá haciendo, sin empezar desde cero, sin negar lo vivido.
En otra historia te contaré un poco más de eso.
Por ahora, te dejo estas preguntas —no para responder rápido, sino para acompañarte—:
¿En qué momento del camino te encuentras?
¿Qué te ha dicho Dios en esta temporada?
¿Qué pasos has dado, aunque hayan sido pequeños?
¿Y cómo sientes que estás llamada a continuar en este nuevo año?
Ánimo. Aún hay gracia para continuar.
Viviendo cada temporada, caminando a Su ritmo.
— Janet Mariño
Me encantaría leerte