Tiempo de cuidar
Tiempo de cuidar
Tiempo de cuidar…
Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra… y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.” Marcos 4:26-27
No he sido la mejor cuidando plantas. Tengo testigos de mis muchos intentos —tristemente fallidos— de cuidarlas y mantenerlas no solo lindas, sino con vida.
Alguna de las tantas veces que dije que toda planta que tocaba moría, el Espíritu Santo me interrumpió y me recordó algo esencial: mi esencia como mujer es dar vida. Y hoy pienso que, si Él me habita, solo vida es lo que puedo generar, porque Él es la vida.
Hasta hoy, no lo he logrado… y me refiero a cuidar plantas. No es lo mío. Pero sí genero vida de otras maneras.
Hace unos meses estaba orando por esa palabra que me sostendría este año, el ancla que me mantendría centrada. Fue entonces cuando el Espíritu Santo me habló de algo que ya te he compartido antes: las estaciones de la vida son continuas y no dependen de un calendario.
Y me dijo que esta temporada era tiempo de sembrar. Sembrar semillas de sueños, de proyectos, de llamados que tenemos como individuos y como familia.
Y volvió la pregunta: ¿Hasta dónde puedes ver?
Y aquí viene lo más curioso.
Llegó con mucha fuerza a mi corazón la idea de sembrar una planta desde cero, desde la semilla, como un acto profético que nos recordara lo que estábamos haciendo por dentro.
Oh por Dios… ¡Este sí era un reto mayor! No se trataba de cuidar algo que otro ya había sembrado y visto crecer. Era buscar la tierra, las semillas, entender cómo se siembra, qué necesitan, cuidarlas hasta que crezcan y, algún día, den flores.
¿Y sabes qué? Lo hicimos.
Con temor, con algo de desconfianza… pero lo hicimos.
Ya vimos los primeros brotes. Y entonces entendí algo más profundo: este no es un tiempo de producir, sino de cuidar.
Cuidar los sueños que Dios ya sembró en nosotros. Cuidar las semillas que puso en nuestras manos. Cuidar el lugar, la tierra y el tiempo donde Él decidió plantarnos.
Porque Él ya sembró. Y cuando eso es verdad, no hay presión por dar fruto inmediato. Hay una invitación a permanecer, a atender, a proteger lo que está creciendo en silencio.
Espero poder mostrarte el proceso y disfrutarlo contigo. Porque es muy lindo saber que Dios te da semillas personales, te da una tierra específica para sembrarlas y verlas florecer.
Y también entender que tú y yo somos semillas que Él siembra. Que nos da el lugar perfecto para crecer y florecer.
Tal vez hoy tu tarea no es producir, sino cuidar.
No menosprecies lo que tienes hoy. Ni quién eres hoy. No menosprecies el lugar, la tierra donde estás siendo sembrada.
Dios es el mejor enseñándonos a cuidar aquello que, más adelante, dará fruto.
Feliz temporada 🌿
Viviendo cada temporada, caminando a Su ritmo.
Janet Mariño
Me encantaría leerte