“Todo tiene su tiempo…” (Eclesiastés 3:1)
En estos días, donde el clima cambia de manera abrupta, la naturaleza entera responde.
Los árboles cambian de color: naranjas, rojos, morados… como obedeciendo a una nueva temporada. Sin quejas. Sin preguntas.
Simplemente lo hacen, porque saben que así estarán listos para lo que viene.
Durante muchos meses, las hojas verdes mostraron señales de productividad, de esfuerzo, de constancia. Pero ahora se acerca el invierno, y los árboles saben algo importante: seguir produciendo sería desgastarse.
Así que hacen algo sabio. Dejan ir lo que ya cumplió su propósito.
Permiten que el viento —a veces suave, a veces fuerte— se lleve las hojas que los acompañaron por tanto tiempo.
He leído un poco acerca de esto y, como siempre, mi buen amigo el Espíritu Santo me ha ido mostrando algunas verdades que hoy quiero compartir contigo.
¿Sabías que esos tonos naranjas, rojos y dorados tan hermosos siempre estuvieron ahí?
Solo que no podían verse… ni disfrutarse… hasta que llegó la temporada de descanso.
Cierra tus ojos un momento. Piensa en tu vida.
En estos últimos meses. En este año que está a punto de terminar.
¿Trabajaste fuerte? ¿Produjiste cosas? ¿Diste fruto? ¿Te esforzaste por alcanzar ese sueño?¿Necesitas descansar?
Tal vez hay dones, habilidades y talentos en ti que te hacen ver hermosa, y que otros están esperando disfrutar.
Pero solo podrán verse cuando decidas soltar lo que ya cumplió su propósito.
Cuando permitas que el viento —suave o fuerte— del Espíritu Santo se lleve lo que ya no es.
No pelees.
No te quejes.
No intentes mantenerte “verde”.
No finjas.
No te resistas.
Sigue confiando en el proceso. Deja de intentar sostenerlo todo y permítele a Jesús sostenerte en Sus brazos.
Quiero ver tus colores. Así como también quiero ver los míos.🍁🍂🍃
Viviendo cada temporada, caminando a Su ritmo.
— Janet Mariño
Me encantaría leerte