Janet Mariño
(De la serie Lo esencial)
Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre;
antes de que nacieras, te aparté
y te nombré mi profeta a las naciones.
Jeremías 1:5
¿Qué quieres ser cuando seas grande?
Seguramente muchas de nosotras hemos escuchado esta pregunta desde pequeñas, y tal vez también la hemos hecho. Aunque parece inofensiva, en el fondo encierra una idea equivocada: que debemos convertirnos en alguien a través de lo que hacemos.
La verdad es que no necesitamos "ser alguien". Ya somos. Desde antes de nacer, Dios nos pensó, nos formó y nos apartó para una tarea específica. No somos el resultado de opiniones, títulos o logros. Nuestra identidad fue establecida por Dios desde la eternidad.
El mundo nos empuja a definirnos por lo que hacemos, lo que tenemos o lo que otros opinan de nosotras. Pero Dios comienza por el principio: quiénes somos en Él, y luego nos revela qué fuimos llamadas a hacer.
Jeremías 1:5 nos revela tres verdades poderosas que nos regresan al diseño original de Dios:
1. “Antes de formarte en el vientre, te conocí”
Antes de que fueras vista por ojos humanos, Dios ya te conocía. No eras un número más, ni una idea lejana. Fuiste soñada, deseada y amada por Él. Esa es la base de tu identidad: eres profundamente conocida por Dios.
Cuando comprendes esto, puedes vivir con confianza, con la seguridad de que tu vida tiene valor y propósito, simplemente porque Dios te conoce y te ama.
2. “Antes de que nacieras, te santifiqué”
Dios no solo te conoció, también te apartó para un propósito especial. “Santificar” significa eso: separar para algo único. Tu vida no es un accidente ni una casualidad. Hay un propósito divino que te precede.
Esto implica dirección: hay lugares que no son para ti y otros que te están esperando; personas con las que no debes caminar y otras que necesitan de tu presencia; tareas que no te corresponden y otras que solo tú puedes cumplir.
3. “Te nombré profeta a las naciones”
Además de formarte y apartarte, Dios te envió. Cada una de nosotras tiene una misión. Tal vez no seas profeta como Jeremías, pero sí eres una voz en tu hogar, una luz en tu entorno, una mujer que lleva vida donde hay oscuridad.
El llamado de Dios no se limita al templo. Tu vida es un altar, y tu entorno, tu campo de misión. Allí donde estás, Dios puede usarte para traer esperanza y transformación.
4. Servir a Dios y a los demás: claves para una vida abundante
La vida abundante que Jesús ofrece no se trata solo de disfrutar lo que tienes o de alcanzar tus metas. Tiene un propósito mayor: servir.
Cuando sirves, descubres la riqueza de lo que Dios ha puesto en ti, te llenas de gratitud y abres espacio para recibir más.
Servir a Dios con lo que eres y tienes, y servir a los demás con amor y entrega, te conecta con el corazón de Dios y le da sentido a tu vida.
5. Cuida tu identidad y propósito del ladrón
Jesús nos advirtió que hay ladrones que vienen a robar, matar y destruir. Aquí te comparto cinco ladrones comunes que intentan desviar tu identidad y propósito:
1. La comparación
"Presta mucha atención a tu propio trabajo... no tendrás que compararte con nadie." Gálatas 6:4
Cómo actúa: Te hace mirar a los demás como medida de tu valor.
Qué hacer: Agradece por tu diseño único y valora tu camino.
2. El miedo
"Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, amor y dominio propio." 2 Timoteo 1:7
Cómo actúa: Te paraliza, apaga tu fe y limita tus acciones.
Qué hacer: Responde con pasos valientes de obediencia, recordando quién te diseñó.
3. La culpa o la vergüenza
"Ahora, pues, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús." Romanos 8:1
Cómo actúa: Te hace sentir indigna del llamado de Dios.
Qué hacer: Recibe el perdón de Jesús y sigue caminando en libertad.
4. El rechazo
"Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá." Salmo 27:10
Cómo actúa: Te hace creer que no eres suficiente.
Qué hacer: Recuerda que Dios es tu Padre y nunca te abandonará.
5. El activismo o la sobreocupación
"Estén quietos y sepan que yo soy Dios." Salmo 46:10
Cómo actúa: Te mantiene ocupada, pero desconectada de tu propósito real.
Qué hacer: Prioriza la presencia de Dios. No necesitas hacer para ser.
El enemigo quiere robar tu identidad, matar tu propósito y destruir tu misión. Pero Jesús vino a darte vida en abundancia. Esa vida comienza al recordar que fuiste conocida, apartada y enviada, y se vive plenamente cuando decides servir con lo que Él ha puesto en ti.
Qué dice Dios de ti? Cuáles son esas características que te hacen única? Cuáles son tus talentos y habilidades? Cómo puedes ponerlos al servicio de Dios y de los demás? En qué lugar estás llamada a servir?
Papá… qué hermoso poder llamarte así. Gracias por amarme, por soñar conmigo desde la eternidad. Gracias por darme un nombre, por equiparme y permitirme ser respuesta para otros. Ayúdame a reconocer a tiempo a los ladrones que quieren robar lo que has depositado en mí. Quiero vivir cerca de ti, en el lugar seguro de tu presencia. Amén.